Estreno de Teatro El Galpón. De Matei Visniec. Dirección: Graciela Escuder.

El cuerpo de la mujer como campo de batalla

Destacado / 18 octubre, 2021 / Oficina Prensa y comunicaciones El Galpón

Esta obra se inspira en el drama de la guerra de Bosnia y va más allá de lo evidente para trazar una historia de amistad, apoyo mutuo y superación.

La lucha de dos mujeres para expulsar, a veces de forma violenta, a la muerte de sus vidas. Un texto incómodo porque “…en las guerras interétnicas, el sexo de la mujer se convierte en un campo de batalla”.

Del mismo autor fue puesta en escena por El Galpón en 2018: “La palabra progreso en boca de mi madre sonaba tremendamente falsa”, con dirección de Aderbal Freire-Filho.

En aquella ocasión, en una conferencia brindada por ambos en nuestra sede, el dramaturgo, poeta y periodista rumano-francés expresaba:

“Tres obras escribí que tratan el tema del horror de la guerra, sin embargo no busco juzgar, busco entender. El personaje principal, finalmente, es el hombre, un hombre que puede vivir con sus contradicciones al igual que las sociedades humanas. A través de mis obras intento entender al ser humano. Si quieren entender al hombre, lean novelas”

Sobre esta puesta en escena, dice la directora Graciela Escuder: “Este drama lo mostramos  a la manera brechtiana, si bien ocurre en una guerra lejana, resuena lamentablemente en nuestro país cada vez más”.

A continuación, fragmentos de la entrevista realizada a Graciela Escuder por Luis Vidal Giorgi. Revista Socio Espectacular. Octubre 2021.

 

El título del espectáculo El cuerpo de la mujer como campo de batalla, alude a ensayos y testimonios que se han elaborado desde las ciencias sociales sobre las distintas formas de violencia que se han ejercido sobre las mujeres en determinadas situaciones de opresión. ¿Cuáles son los materiales testimoniales y teóricos en los que te has basado para la elaboración de la obra? ¿Y cómo fue el proceso para su traslado a lo escénico?

–La obra de por sí tiene mucho material informativo y de investigaciones como el de la antropóloga argentina Rita Segado, todos esos materiales impactan al lector pero se vuelve difícil de trasladarlos a la escena. El autor en forma inteligente se lo hace decir a los personajes, fundamentado en la profesión de psicoanalista investigadora de uno de ellos, posteriormente a la guerra en Bosnia, en la relación que entabla con una de las víctimas. Citaría a Elizabeth Wood en un artículo escrito sobre las investigaciones realizadas posteriormente a las guerras en Ruanda y en Bosnia:

“En todas las guerras se cometen crímenes de violencia sexual pero su ocurrencia varía dramáticamente. Durante el conflicto en Bosnia-Herzegovina, las fuerzas Bosnias Serbias cometieron abusos sexuales de las mujeres Bosnias Islámicas tan sistemática y generalizadamente que se constituyó en un crimen contra la humanidad bajo derecho internacional. En Ruanda, el Tribunal Criminal Internacional declaró la violación generalizada de las mujeres Tutsi como una forma de genocidio. Y la esclavitud sexual fue también una forma de violencia sexual prominente en el conflicto en la antigua Yugoslavia a comienzos de los años noventa.

De acuerdo con una investigación de la Unión Europea, aproximadamente 20 mil niñas y mujeres fueron violadas en 1992 solamente en Bosnia-Herzegovina, muchas de ellas mientras se encontraban detenidas en instalaciones de detención de diversos tipos. Según la Comisión de Expertos de las Naciones Unidas, encargada de investigar la violencia en la antigua Yugoslavia, la “vasta mayoría de las víctimas eran musulmanas bosnias y la gran mayoría de los presuntos perpetradores eran serbios bosnios”. Las palabras clave entonces son violencia sexual, guerra, bandos armados, civiles. Creo que resumen el contenido de la obra.

–En cuanto a la propuesta escénica y sus distintos rubros, incluyendo lo actoral, ¿qué destacarías de ese proceso creativo?

-Creo que la obra nos conmovió a todos y todas cuando la leímos, pero la puesta en escena exige desentrañar el cómo decir, sin dejarse llevar por la emoción y sí provocarla en el espectador.

Buscamos con el elenco la expresión que, aunque pareciera superficial y por momentos hasta cómica, proyectara lo terrible. El autor mezcla la información histórica, la investigación científica, la crítica a la manera desde los hombres de los Balcanes, las escenas íntimas, la conflictividad interna, de manera abrupta, y muchas veces sin continuidad. Es su estilo. Por lo que debimos trabajar mucho en ser fieles a ello. En ese sentido, las luces, la música y el vestuario se vuelven imprescindibles en el sostenimiento de una puesta despojada, en la cual las que pelean con las dificultades son las actrices.

La acción tiene lugar en una clínica de Alemania.

Dora, la víctima violada durante la guerra y Kate, la psiquiatra de un centro médico de la OTAN. El aquí y ahora en dos fragmentos de vida. Dos cuerpos y dos caras. El Este y el Oeste,  dos mujeres conmocionadas por la historia. Las dos víctimas, las dos marcadas de por vida. Una en la intimidad de su cuerpo y alma. La otra en la intimidad de su conciencia. Dos mujeres que, a pesar de su origen y cultura diferente se parecen y van a recorrer el camino necesario para asumir su terror y poder recuperar sus raíces.


Elenco:
Marina Rodríguez, Nadina González Miranda, Soledad Frugone, Lucil Cáceres.
Escenografía y vestuario: Aída Sanz.
Iluminación: Leticia Martínez.
Música: Fernando Ulivi.
Producción Ejecutiva: Vladimir Bondiuk Petruk.
Ayudante de dirección: Luciana González.
Dirección: Graciela Escuder.
Una producción de Teatro El Galpón.

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