El Galpón vuelve a enfrentar uno de los textos más contundentes del teatro estadounidense, no solamente rindiendo homenaje a su propia historia artística, sino también actualizando la potencia crítica del texto en un presente convulsionado por nuevos conflictos bélicos, decisiones geopolíticas que afectan a millones y un mercado donde la vida humana parece tener valor sólo en función de su utilidad.
La obra nos recuerda que la guerra —lejana o cercana— no termina cuando caen las bombas, sino cuando se asume o se niega la responsabilidad individual dentro de las lógicas que la perpetúan.
Todos eran mis hijos cobra un nuevo espesor político. Interpela desde lo íntimo a lo colectivo, desde el silencio del hogar hasta los engranajes económicos globales. En tiempos donde se vuelve urgente discutir el lugar del lucro, la verdad y la ética, esta pieza de Miller resuena como un grito que atraviesa generaciones
Joe Keller, el patriarca, encarna el dilema moral de una época: ¿hasta dónde es legítimo proteger el bienestar de los propios cuando eso implica sacrificar a los otros? Miller construye un thriller íntimo, donde la verdad se filtra lentamente hasta demoler las certezas familiares.
Todos eran mis hijos cobra un nuevo espesor político. Interpela desde lo íntimo a lo colectivo, desde el silencio del hogar hasta los engranajes económicos globales. En tiempos donde se vuelve urgente discutir el lugar del lucro, la verdad y la ética, esta pieza de Miller resuena como un grito que atraviesa generaciones.
Escenografía e Iluminación: Claudia Sánchez
Vestuario: Malena Paz
Música: Leonardo Croatto
Asistente de dirección: Candela Lofiego
Producción Ejecutiva: Luciana Viera
Una Producción de Teatro El Galpón










